No lo sé, los muros se derrumban y me dejan ver un poco más allá de lo que acostumbraba a ver, ¿o acaso me elevé y pude ahora ver las cosas desde otro ángulo? Quizá, simplemente me quité los dedos de los ojos y me permití ver más allá de mis narices. Es duro dejar de creer así sin más en todo aquello que guio mi vida, mis acciones… TODO.<br/>
Claramente es difícil cuando el mundo se viene abajo: las acciones estaban puestas sobre aquello que ahora “no existe” (al menos para mí) y así es como al no tener donde cimentarse, se caen, se van al piso, y con ellas incluso las ganas de vivir. El mundo no es lo mismo, miro hacia atrás y es como haber cambiado de galaxia; este mundo no lo reconozco.
Todo es tan efímero…
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