miércoles, 11 de noviembre de 2015

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Hoy pensé en vos, creí no volver a hacerlo, quizá fue culpa de la montaña, estaba tan placido… tan contento, casi tanto como cuando estábamos juntos. Por un momento hasta olvidé el frío, en realidad solo fui consiente de él hasta que se enfrió también mi corazón, hasta que me sentí de nuevo solo. Para eso pienso en vos, para acordarme lo solo que estoy desde el día que de la nada se murió eso que decíamos que tanto queríamos. No se que pensar, no sé si fue culpa del frío, la lluvia, la hierba o la montaña, pero por un instante te quise tanto como aquel día que te robé aquel primer beso en el colegio.

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No lo sé, los muros se derrumban y me dejan ver un poco más allá de lo que acostumbraba a ver, ¿o acaso me elevé y pude ahora ver las cosas desde otro ángulo? Quizá, simplemente me quité los dedos de los ojos y me permití ver más allá de mis narices. Es duro dejar de creer así sin más en todo aquello que guio mi vida, mis acciones… TODO.<br/>
Claramente es difícil cuando el mundo se viene abajo: las acciones estaban puestas sobre aquello que ahora “no existe” (al menos para mí) y así es como al no tener donde cimentarse, se caen, se van al piso, y con ellas incluso las ganas de vivir. El mundo no es lo mismo, miro hacia atrás y es como haber cambiado de galaxia; este mundo no lo reconozco.

Todo es tan efímero…